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OTRO
TIMO NO (OT No) (Manifiesto PEMOC)
02/12/02
El PEMOC (Periodistas Especializados
en Música, Ocio y Cultura) ha preparado un acto denominado
OT No ('Otro Timo No'), que tendrá lugar en Madrid
el martes 17 de diciembre en la Sala
Tabú (Calle San Vicente Ferrer, en pleno barrio
de Malasaña) en el que, bajo el lema 'Te
cambiamos tu disco de OT por uno de verdad', pretenden
protestar ante el valor casi exclusivamente mercantil que
está adquiriendo el panorama musical español.
Los discos a repartir procederán
de las colecciones privadas de los componentes de PEMOC, entre
los que se encuentran periodistas de la talla de Diego
A. Manrique, Fernando Martín, Fernando Íñiguez,
Maurilio de Miguel, Bruno Galindo, Pedro Calvo o Ricardo Aguilera,
entre muchos otros.
Al acto, que se prevé concurrido,
acudirá un buen número de músicos -algunos
de ellos actuarán en directo-, periodistas especializados,
así como componentes del mundillo musical en general.
Una buena ocasión para protestar ante una situación
que sobrepasa lo kafkiano hasta llegar a convertirse en peligrosa
e insostenible. Adjuntamos el Manifiesto
de PEMOC:
MANIFIESTO 'OTRO TIMO NO'
Corren malos tiempos para la música. Cuando todos los
ojos están puestos en el fenómeno de la piratería,
parece que pocos han advertido la presencia de los
tiburones.
Como cualquier otra manifestación
artística popular, la música
se sostiene sobre dos columnas: el arte en sí mismo
y el negocio. Ambas se necesitan. Sin el negocio, la
música no llegaría hasta la gente, no habría
industria del disco ni salas de conciertos ni nada. Sin música,
sin músicos, sin compositores, sin intérpretes,
sin talento, sin arte al fin y al cabo, el negocio no tendría
nada que vender.
Hoy, sin embargo, se está logrando
la cuadratura del círculo. Vamos de cabeza hacia un
panorama en el que el negocio lo ocupa
todo y la música ha sido
hábilmente sustituida por un sucedáneo que da
el pego. Hace ya mucho tiempo que escuchamos la palabra
'producto' en boca de los ejecutivos de la industria pesada
de la música. Tienen razón: la mayoría
de lo que se publica es sólo eso, 'producto'.
Ahora, a las abrumadoras campañas
de marketing para lanzar artistas prefabricados o al agobio
de las cien mil canciones del verano, se ha venido a sumar
un nuevo montaje sonoro de difícil digestión:
Operación Triunfo. En su segundo año triunfal,
este tinglado músico-televisivo amenaza con dar al
traste con lo poco que
quedaba del funcionamiento mínimamente sensato de la
música en nuestro país.
Lo que hay es lo que se ve: Operación
Triunfo no es más que un negocio puro y duro,
un programa de televisión en el que se ventilan cientos
de millones de la moneda que sea. Hasta ahí, todo normal.
Lo perverso comienza cuando el programa trasciende de sus
límites televisivos para entrar a saco en la industria
del disco, cuando se monopoliza la presencia de la música
en televisión, cuando se acapara el mercado de las
galas...
Si la televisión pública
se hubiera comprometido en una operación similar que
afectara a cualquier otro tipo de industria sustituyéndola
con un sub-producto propio publicitado en términos
de desleal competencia, y con
la inevitable consecuencia de crisis en el sector y despidos
generalizados -como ya está pasando- no habrían
faltado las quejas de sindicatos y asociaciones de todo tipo.
La música, sin embargo, calla. Y
más allá de las consecuencias económicas
de esta operación de crematístico triunfo, está
el daño enorme que se
está haciendo a la música
como arte.
Por tanto, desde PEMOC DENUNCIAMOS:
PRIMERO:
El desembarco del medio televisivo como herramienta omnipotente
en la creación, promoción, distribución,
comercialización y venta de la música. Esta
maniobra orwelianamente dirigista va encaminada a cambiar
radicalmente las estructuras de la industria en beneficio
del negocio privado de unos pocos, aún a costa de destrozar
definitivamente el necesario equilibrio entre arte y negocio
en el ámbito de la música.
SEGUNDO: La utilización
de los enormes medios de la televisión pública,
aquella que pagamos entre todos con nuestros impuestos, para
la promoción sin precedentes de un negocio estrictamente
privado. También denunciamos la monopolización
del 'prime time' para la comercialización de estos
productos teledirigidos, quedando fuera de las horas 'buenas'
de pantalla cualquier otra música.
TERCERO: La mutación del
fenómeno musical a través de Operación
Triunfo (sin
olvidar sus clones: Popstars, etc), haciendo pasar como música
de calidad lo
que no son más que ejercicios de amateurs. Nuestras
simpatías siempre
estarán junto a los que comienzan en el azaroso mundo
de la música,
incluidos los concursante de Operación Triunfo y similares,
pero nunca
con los que orquestan negocios ventajistas con el telón
de fondo de sus
carreras.
CUARTO: El falseamiento de la
mecánica real de una carrera artística, la censura
deliberada de géneros musicales, el adoctrinamiento
cultural y estético, y la valoración de un determinado
tipo de 'triunfo' como concepto indiscutible y unidireccional.
QUINTO: Exigimos la consideración
de la música como un bien cultural y no como un mero
objeto de rentabilidad inmediata. De no reconducirse este
sistema de explotación primaria del negocio de la música,
dentro de poco el imperativo comercial habrá acabado
con la veta de los artistas reales y ya no habrá ni
música ni negocio.
SEXTO: Lamentamos que personas
antaño involucradas en la creación de una
cultura popular se presten al más burdo tocomocho.
Nos entristece comprobar que discográficas y artistas
en ejercicio se apunten a dar credibilidad a una propuesta
degradante por, respectivamente, vender lo que saben basura
o arañar unos minutos en 'prime time'; su complicidad
es un baldón del que terminarán arrepintiéndose.
Las consecuencias inmediatas de estas maniobras comerciales
apoyadas por la enorme fuerza de la televisión son
de temer: desaparición de las músicas minoritarias,
hundimiento de las pequeñas compañías
discográficas, empobrecimiento de los catálogos
de las 'majors', reducción de la oferta musical para
el consumidor, etc.
SÉPTIMO: Hacemos un llamamiento
a los medios de comunicación -prensa, radio,
Internet y televisión- para que se recupere el sentido
crítico ante este tipo de fenómenos. La manida
falacia de que "es lo que el público demanda"
puede acabar llevándonos por derroteros nada deseables.
Es necesario fomentar el criterio para no sucumbir obligatoriamente
ante el imperativo comercial.
Porque decir cuidado no es suficiente,
PEMOC pasa a la acción.
Invitamos a los fans de Operación Triunfo a explorar
otras opciones musicales y les hacemos una oferta cargada
de futuro: 'TE CAMBIAMOS TU DISCO DE OPERACIÓN TRIUNFO
POR UNO DE VERDAD'. Esperamos que entre los discos que ponemos
a disposición del público, cada cual encuentre
alguno que le interese. En cualquier caso, todos son discos
hechos por artistas originales, músicas cuyo valor
va más allá de las maniobras comerciales, del
morbo del cotilleo o del efecto hipnótico
de la pantalla del televisor.
Afectuosamente
PEMOC
Nota: Si apoyas este manifiesto háznoslo
saber en mailpemoc@terra.es
Nos gustaría igualmente contar con tu presencia el
martes 17 de diciembre de 2002 en Madrid.
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