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03/01/03
Lo mejor en la música, como por extensión
en el arte y hasta en la vida, son aquellos pequeños detalles
no escritos, factores poco aprehensibles que transcienden la norma
y orbitan en el universo de lo emocional.
Es lo que ocurre al escuchar Chaos,
sweet chaos, el estupendo miniálbum autoeditado
de Noise Box (mp3):
donde otros hacen de la melancolía un ejercicio estético,
ellos te desgarran el alma; donde otros broncean tus oídos,
ellos erizan tu corazón.
Pero tranquilos, que además de aspectos tan
resbaladizos como sinceridad o capacidad de transmisión (abrumadoras
ambas, en el caso de Noise Box), los apartados más tangibles
resultan igualmente contundentes: logradas canciones que oscilan
entre el indierock y el dreampop, solvencia instrumental, influencias
bien administradas (¡por fin alguien entiende bien el enormemente
poético legado de Nirvana!) y un magnífico cantante
[Jesús Cobarro] de gran expresividad y talento melódico.
Seis canciones que giran en torno al eje esperanza-desesperanza,
que transmiten la nostalgia de la inocencia perdida, ese frío
que se siente al mirarse al interior y atisbar algo parecido a la
soledad, los intentos de atrapar la (escurridiza, leve) belleza.
Con mayor acento onírico o pegada pop y momentos de inusitada
brillantez como la absolutamente emocionante The
biggest smile on earth
o un Now that we don't kiss anymore
(mp3)
tan jodidamente redondo que si viniera firmado por un grupo londinense
o neoyorkino sería el nuevo 'hype' de los magazines musicales.
Háganse con una copia, no dejen escapar algo
tan bueno.
Contacto: holadylan@hotmail.com
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