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03/11/03
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| Antonio Palazón -nuestro
fotógrafo oficial del Diario del Guinness- festeja junto
a Ray (foto: Antonio Palazón) |
DÍA
7. 44 HORAS SIN DORMIR
"¡Oye Jesús! ¿y quién
escribe el último día del diario del guinness?"
preguntó Javier Arabit al que empezó y cerró
la mayor locura de toda la historia, don Jesús Cutillas..
"no sé, ¿quién la puede escribir?"...
y a todo esto yo estaba ahí, a mitad de engullir cuatro o
cinco macarrones que tenía en mi boca y sólo se me
ocurre decir: "Venga, yo mismo".
Podría ser tan resumido como Antonio
Luis (eso sí, pero directo y claro) o extenso cual crítico
musical, pero por esta vez, mi versión va a ser distinta,
como si un partido de fútbol se tratase, ya que como en todo
partido, los 90 minutos no suelen ser brillantes, así que,
hablemos de la moviola, la polémica, los mejores momentos
y las jugadas dudosas...
No recuerdo exactamente la hora en la que llegué
a Espinardo, pero daba igual, el estado de mi salud impedía
que algunas de mis funciones vitales funcionaran con normalidad,
por lo que en ese momento sólo sabía que nada más
llegar algo había cambiado... Entré a la carpa y no
había nadie, ni músicos, ni responsables, ni nadie
en la barra (comprensible, era bien tarde) -"a la mierda"
pensé- al rato me percaté que hubo un cambio de zona
de las actuaciones, (se había trasladado al auditorio del
centro social universitario) ya que la mañana del viernes
había llovido sin parar por lo que se inundó gran
parte del interior de la carpa. Almacené esa información
y la analicé y llegué a la conclusión de que
todo estaba en orden -"eso se merece un cigarro"- y me
adentré al auditorio.. Mi sorpresa fue cuando una guarda
de seguridad (¿o era un guardia?) me avisó de que
no se podía fumar en el interior del auditorio -"mal
empezamos la noche.."- luego apuntilló que "ni
fumar, ni comer, ni beber", ahí queda eso...
Adentrándome en el auditorio, conseguí
ver a los ir-responsables y empecé a hablar con ellos, que
cómo iba todo, que pim que pam, y éstos fueron los
diez mejores momentos:
01) La mesa estaba llena de bolsas de piscolabis,
botellas de agua y paquetes de tabaco.
02) El sonido del auditorio: horrible. Recuerdo que el grupo que
tocaba era Angora, puros metaleros, convincentes, contundentes pero
el sonido no acompañó.
03) El contador que pusieron en el escenario haciendo la cuenta
atrás... hubiera estado bien que se hubiera puesto al iniciar
el guinness.
04) La cantidad de borrachos que aparecieron
cada tres por tres por el auditorio, aquello era una auténtica
invasión. Eso sí, aguantaron hasta el final.
05) La buena siesta que se pegó el cantautor David Moya en
el suelo del auditorio, con su manta, su saco de dormir... luego
Antonio José (otro cantautor que participó en varias
ocasiones) me aseguró que lo pisó sin querer porque
no le llegó a ver.
06) La percusión de Antonio Palazón junto con Antonio
Aráez (no fue la primera vez) y la espontánea intervención
de un personaje cantando la de "Nothing else matters"
de Metallica, pese a que Antonio Aráez no se la sabía
del todo bien.
07) El momento en que se superó el récord, corrían
las ocho de la mañana y la fiesta empezó a notarse...
Cutillas hizo el resto.
08) Cuando ahora todo era cuestión de aguantar, más
que de sufrir, Cutillas sacó su repertorio infantil. Tres
acordes, treintena de canciones, sin parar. Desde la del elefante
se balanceaba en la tela de una araña hasta la de Barrio
Sésamo, pasando por la de bailar la bamba, Oliver y Benji
y la de los Fragglerock...
09) La extraña desaparición de Antonio Aráez...
10) La coronación y paseo triunfal de nuestro jefe Abraracurcix
(Jesús Cutillas) desde el escenario del auditorio hasta la
carpa, levantado y paseado por sus dos fieles guardianes, David
Moya e Isaac Aledo. Todo esto, sin que Cutillas parase de cantar
y tocar la guitarra. Fue el mejor momento.
Cuando todo estaba situado en la carpa, la
barra se reabrió (¡por fin!) y tras una serie de intervenciones
cantautoriles, se dejó paso a un grupo metalero que vino..
de Lugo! (hay que tener un par) llamados Mal de Bichos. Cargados
con su doble bombo y una guitarra con tropecientos mil efectos,
nos deleitaron (para algunos) o nos escupieron (para otros) letras
cargadas de odio y rabia. Fue el último grupo en sonar en
el guinness. Por lo tanto, los cantautores volvieron a entrar en
acción. Faltaba 1 hora. Las sillas empezaron a llenarse,
cada vez venía más gente, nadie quería perderse
el colofón final.
Y a falta de varios minutos, todos los ir-responsables,
varios músicos, miembros de diferentes asociaciones subieron
a la foto, el final estaba cerca y teníamos que estar todos
presentes en el último suspiro. Jesús Cutillas (como
no) remató la faena. Con "El orgullo de un dios"
y "Mariano sabe", dos temas suyos, finalizó lo
que fue, a mi parecer, la mayor locura de toda la historia. Los
comentarios jocosos no se hicieron esperar.. "si lo llegamos
a saber, nos hubiéramos tiramos otra semana más",
"¿qué récord nos proponemos ahora?".
En resumidas cuentas, a pesar de estar todos locos, fue una experiencia
única, poco aconsejable para los muy frioleros pero muy recomendable
para los que disfrutan la música, charlar, fumarse cosas
legales o no y todo acompañado de una buena cerveza. Un chapó
para los organizadores y los responsables que han puesto tanta ilusión
y entusiasmo en esta locura.
Y así fue.. terminó el guinness
y empecé a pensar en mi record personal... había estado
44 horas seguidas sin dormir.. por qué? porque sí...
Vicente Illescas
[Vicente Illescas es
miembro de AMCA y organizador del asalto al guinness].
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