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05/12/01
Bajo el reiterativo enunciado de La
edad de oro del pop español, Dro edita un
volumen de cinco CDs que merece calificativos elogiosos. El mejor
pack de cuantos se han publicado hasta la fecha y un disco
imprescindible en cualquier colección que se precie de tener
representada la que ha sido la etapa más creativa en la historia
de la música pop en España: La Nueva
Ola (decir La Movida sería tan injusto
como inexacto).
Porque aunque hay media docena de títulos de
difícil comprensión más allá del aspecto
meramente comercial (Sabina, Rosendo, Luz, Presuntos, Héroes
o Antonio Flores pintan aquí nada o menos) y seleccionar
como apertura Veneno en la piel
(que ni es de los ochenta) en lugar de Enamorado de la moda juvenil,
Rompeolas o La estatua del jardín botánico
tiene delito, no es menos cierto que el porcentaje de aciertos es
altísimo (más del 80% es puro delicatessen
nuevaolero y eso en un recopilatorio es casi un imposible),
ya sea en cuanto a títulos esenciales como en lo referente
a otros de muy improbable (o carísima) consecución.
Entre los primeros, desde Groenlandia
(Zombies) hasta Tan lejos (Décima
Víctima), Aquella canción
de Roxy (La Mode), Ataque preventivo
de la URSS (Polansky y El Ardor), El
Hombre Salvaje (Las Chinas) o Ella
es demoledora (del grupo murciano Farmacia de Guardia),
por no citar las más obvias.
Entre las segundas, el magnífico single de debut
de 091 (Fuego en mi oficina),
Muñeca de Academia Parabuten,
Soy una punk de Aerolíneas
Federales, Ibiza underground
de Minuit Polonia o Me gusta ser una zorra
(la controvertida canción de Las Vulpess, cuya emisión
motivó el cierre del televisivo Caja de Ritmos).
Y fíjense que aún no he citado a Paraíso,
Ejecutivos Agresivos, Parálisis Permanente, Derribos Arias,
Nacha Pop, Mamá, PVP, Rubi y Los Casinos, Los Secretos, Loquillo,
Alaska y Los Pegamoides, Los Nikis, Dinarama... Ufff!
Vale que faltan Los Modelos, Menta, Los Bólidos,
Los Santos o Glamour pero ya saben que la perfección no existe.
Detesto emplear este término para calificar un disco, pero
ésta será la excepción: IM-PRES-CIN-DI-BLE.
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