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16/02/08
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| Steve
Earle con Allison Moorer
(foto: 6tee-zeven)
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EXISTENCIALISMO AMERICANO
Steve Earle es grande. Se aprecia a la primera canción,
tras la apacible introducción a cargo de Allison Moorer,
a la sazón su esposa, en el rol de telonera. El Renegado
del Country -estilo que ayudó a ensanchar y del que sólo
repudió sus formas más conservadoras- da cera a su
guitarra, pisa con sus botas tejanas y encara el micrófono
como sólo pueden hacerlo quienes han vivido intensamente.
Apenas han sonado dos temas y el sabor ya es inconfundible: existencialismo
americano.
Días después de obtener su segundo
grammy consecutivo al mejor álbum de americana, Earle lo
celebró en Murcia ofreciendo un concierto largo, probablemente
demasiado, en cuyas más de dos horas de duración ofreció
diferentes acompañamientos y registros. Con pista base en
el premiado "Washington Square serenade" y vuelos alrededor
de su extensa discografía.
Con su camisa a cuadros, sus tejanos, su escaso
pelo lacio y sus continuos cambios de guitarra -acústicas
con diferentes afinaciones, dobro, 12 cuerdas, banjo, laúd
y mandolina-, Earle consigue dotar al concierto del suficiente dinamismo
como para que la inevitable linealidad del formato no se acabe imponiendo.
CLÁSICO, NO TRADICIONAL
También los registros se aprecian (moderadamente) diferenciados:
hay canciones de country -no tradicional pero sí clásico-,
las hay que son puro folk dylaniano, en otras rompe apenas la voz
de modo magistral para fondear en moteles de roots-rock. En todos
se muestra solvente, pero es en éstas donde se sale. Incluso
se marca un par de sonido añejo que remiten al mismísimo
Woody Guthrie.
Steve Earle comenzó seduciendo en solitario,
a continuación besó a Allison y a ésta no le
quedó otra que armonizar la melodía con su dulce voz,
en el último tercio dio entrada a un DJ que disparaba bases
programadas. ¿Seguro que esto último era necesario?
No, pero es su fiesta y baila si quiere. Además, y tras el
desconcierto inicial, hay piezas en las que se aprecia hasta oportuno.
Es el caso de Satellite radio
y la estupenda City of immigrants,
dedicada a Nueva York y una de las mejores composiciones de su carrera.
Tampoco faltaron notables piezas como la revolucionaria
Red is the color, finalizada
puño en alto; The devil's right
hand -una canción que hubiera firmado el mejor
Springsteen-; la machacona Steve’s
hammer ("uno de estos días dejaré
caer el martillo", reza el estribillo dedicado a Pete Seeger,
que cantó el respetable) o una Copperhead
road repetida en el bis final. Norteamérica suena
mucho mejor cuando representa esto. Y no lo otro.
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FICHA
Concierto: Steve Earle.
Telonera: Allison Moorer. Lugar: Sala Miguel Ángel Clares
del Auditorio Víctor Villegas, 14 de febrero. Calificación:
Bueno.
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