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BAJOFONDO TANGO CLUB + TINARIWEN (crítica)  

09/07/07

Javier Casalla brilló con Bajofondo
(foto: Pablo Sánchez)

MILONGAS ELECTRÓNICAS

Recién nombrado miembro de la Academia de Hollywood -el paso que le faltaba tras los dos Oscar consecutivos a las mejores bandas sonoras de 2006 y 2007-, Gustavo Santaolalla se vino hasta Cartagena para celebrarlo con su proyecto Bajofondo Tango Club.

Y vaya si lo festejó, por más que con su proyecto de tango y electrónica no deslumbre tanto como musicando imágenes. Comunica, convence y conecta con el público, empero, además de desgranar una propuesta cada vez más sólida, bien argumentada y con momentos de esplendor, en especial los protagonizados por Javier Casalla.

Igual que ocurriera hace tres años, Bajofondo ofreció un espectáculo de desarrollo progresivo que guarda sus cartas más resultonas para el tercio final y que, también como entonces, finaliza invitando a la invasión escénica por parte de tres decenas de espectadores ávidos de baile. La diferencia radica en que hoy todo suena más hilvanado, más digerido y creíble, menos de diseño y más de reflejo de identidad.

El tango, la milonga y el folclor de ambos lados de Río de la Plata son tan sabrosos e intemporales que aceptan de buen grado el sexo con otras texturas sonoras, siempre que éstas no le obliguen a estar permanentemente debajo. Los actuales Bajofondo parecen haber pulido su cortejo en este sentido, presentando una cópula mucho más orgánica. Me encanta tu camiseta de Custo, pero en la cama te la quitas.

Es ahí que el Tango Club empieza a ganar la partida. Invitando virtualmente a Adriana Varela y Cristóbal Repetto en Perfume, con letra de Drexler; expresando con crudeza el desgarro tanguero sin secuencias en Borges y Paraguay; montando la pista de baile en pleno barrio con Grand gignol o tirando de lirismo y sutileza en la bella Cristal. Todo con un cierto aire cinematográfico, apoyado en las visuales y culminado con De Usuahia a la Quiaca, de la banda sonora de "Diarios de motocicleta". Y por supuesto, con un Javier Casalla cuya cuerda invoca el espíritu del tango no más rozarla. Milonga hasta en la figura.

BLUES DE LAS DUNAS
Dos bises más tarde y salvado por la campana el esguince de tobillo, llegó el turno de Tinariwen en el Castillo Árabe. Del Río de la Plata al mismo desierto del Sahara sin pasar por la casilla de salida. Siete tuaregs ataviados con guitarras, túnicas, turbantes y un escuálido djembe ofreciendo un discurso áspero, hipnótico, instrumentalmente básico y con una carga existencial abrumadora. Sus canciones de 'blues de las dunas' son repetitivas, sombrías y sin el más mínimo respeto al reloj, pero es lo que tiene el desierto: no hay mucho más que hacer.

Si con Bajofondo ya es apreciable, aquí la expresión de identidad es demoledora. Máxime cuando se trata de expresar los sentimientos de un pueblo sin nacionalidad administrativa clara. Es la clave que aporta dimensión a su propuesta, la misma que ha enamorado a parte de la crítica y que ha hecho que los mismísimos Rolling Stones los elijan como teloneros para algún show. Será mejor así porque a concierto completo acaban rayando. Aunque uno se alegre de haber estado frente a algo tan rotundamente genuino.

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FICHA

Concierto: Bajofondo Tango Club + Tinariwen (La Mar de Músicas 2007). Formación Bajofondo: Gustavo Santaolalla (guitarra), Juan Campodónico (DJ, programaciones), Luciano Supervielle (teclado, scratches), Javier Casalla (violín), Martín Ferres (bandoneón), Gabriel Casacuberta (contrabajo) y Verónica Loza (visuales). Lugar: Auditorio Parque Torres / Castillo Árabe, 7 de julio de 2007. Calificación: Buena.