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13/11/07
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| Benjamin
Biolay en Cartagena
(foto: Pablo Sánchez del Valle)
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JE T'AIME... MOI NON
PLUS
La velada menos jazzie del Festival de Jazz
de Cartagena se saldó con dos interesantísimas actuaciones,
ambas encuadrables dentro del pop, ambas con momentos álgidos
en calidad y emoción, pero de concepto y ejecución
muy diferenciadas.
Los dos juegan la carta del romanticismo, pero
mientras Benjamin Biolay es intensidad,
profundidad y seducción; Lloyd Cole
es naturalidad, fluidez y cierta ligereza formal.
El que fuera líder de The Commotions
acudió con la compañía única de su guitarra
acústica, de su canto cercano y bien modulado y de un ramillete
de buenas canciones, entre las que no faltaron versiones de Leonard
Cohen (Chelsea Hotel nº2),
de Nick Drake (Way to blue),
de Tim Hardin (Lady came from Baltimore)
y hasta de Johnny Cash.
Todas salteando un repertorio cercano al jangle-pop
de los ochenta, que mantiene el aroma de esa época y del
que cabe destacar títulos como The
young idealists, Are you ready
to be heartbroken? y por supuesto en My
bag, una de las clásicas de los Commotions. Lloyd
tiene una bonita voz, pero entiendo que para quienes no fueran adeptos,
su directo pudo resultar un tanto lineal, pues no hubo cambio de
instrumento ni ruptura alguna en todo el show.
SENSUALIDAD OBSESIVA
A la primera estrofa de Bien avant,
canción que abrió el concierto como también
su flamante nuevo álbum Trash yeye,
Benjamin Biolay ya había ganado la mano: se lleva a la chica
fijo. ¡Por favor, qué capacidad de encantamiento! Me
recordó a aquellos poetas que las hechizaban con sus versos.
Su voz -no especialmente bien sonorizada, esto sí- es como
un susurro al oído, como una caricia en el cuello, como Gainsbourg
embaucando a Brigitte Bardot con aquello de 'Je t’aime…
moi non plus'. No me extraña que se le considere su sucesor.
Biolay ofreció un repertorio extenso, 21 canciones, con muestras
de toda su discografía aunque basado en su última
entrega, en el previo A l’origine
-un disco de frondosa producción pero con el que no giró…
ahora se desquita- y también en Négatif
(2003), recordando su magistral debut apenas con Les
cerfs-volants, en el bis. Su
registro varía, tanto en instrumentación -ora más
minimalista, ora repleta de exuberantes arreglos- como en concepción
-de los efluvios de la 'nouvelle chanson' a piezas inevitablemente
afrancesadas pero de intención contemporánea- conformando
una suerte de atractivo registro entre el clasicismo y la modernidad.
Sin inventar la pólvora, el discurso
de Biolay acaba sonando rotundamente propio.
Quizá acabara resultando excesivamente denso, pero así
es su propuesta y lo cierto es que sus canciones tienen un halo
mágico, irreal. Te sumergen en un tórrido ambiente
de sensualidad, a menudo obsesiva, del que resulta imposible escapar.
Sube la temperatura, amaga la fiebre. Lo dije antes: la chica es
suya.
Complicado subrayar títulos, pues tomadas
aisladamente, casi todas sus canciones resultan destacables. Claro,
Dans la Merco Benz, primer
single de su último álbum, es adictivamente deliciosa.
Pero casi tanto lo son Ground zero bar;
la adorable La plage, de su
disco con su esposa Clara Mastoianni; la intensa Dans
ta bouche, la más clásica y orquestada
Rendez-vous qui sait -con
guiño incluido a The Smiths- o la obsesión repetitiva,
y sin embargo nada cansina, de A l’origine.
Por señalar un pero: pese a la brillante
labor de Daalgard como hombre orquesta, quizá menos programaciones
y más músicos matizando en vivo le hubiera conferido
un aura de mayor grandeza a un concierto que, no obstante, va ganando
con el recuerdo.
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FICHA
Concierto: Benjamin Biolay
+ Lloyd Cole. Formación: Biolay
(voz, piano, guitarras, trompeta, ondas martenot), Johan Daalgard
(teclados, programaciones) y Philippe Almosnino (guitarras). Lugar:
Nuevo Teatro Circo, 3 de noviembre. Calificación: Notable.
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