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19/11/07
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| Dianne
Reeves: la voz
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ETIQUETA NEGRA
Finalizó la vigesimoséptima edición
del Festival de Jazz de Cartagena, una de las mejores de los últimos
años, y, no merecía ser de otro modo, lo hizo con
un concierto de auténtica etiqueta negra.
El Año Internacional de Rufus Wainwright,
como desde este momento queda nombrado oficialmente el 2007, todavía
nos guardaba una exquisitez de fuego y chocolate: la maravillosa
voz de Dianne Reeves.
Quedaba la duda de ver si la gran vocalista
de Detroit, quien en los últimos años ha crecido de
manera fulgurante en cuanto a popularidad pero cuya calidad seguramente
también se ha redondeado, ofrecería un repertorio
más profundo y enraizado o se decantaría por los suavizados
cantos de sirena del urban R&B, en su país un estilo
que genera notables dividendos.
Duda solventada a las primeras de cambio cuando,
tras la introducción de sus dos guitarristas -Lugambo blanco,
preciso y de fraseo tan luminoso como el jardín del Edén;
Malone negro, de toque percusivo y feeling tan caliente como la
encrucijada donde reina el diablo del blues-, la garganta mejor
dotada del jazz vocal se arrancó por Triste,
de Jobim, y Social call, de
Jon Hendricks. Nítida declaración de intenciones,
aunque lo mejor estaba por llegar.
Lo que asombra de la voz de Dianne
Reeves no es su registro vocal más amplio que un abanico
de Locomía. Ni siquiera su inusitada potencia -se le rompe
el equipo de voces y da igual, vamos- o su habilidad para pasear
sobre la nota más improbable, sino todo ello aunado y conducido
por un sentimiento claro, certero, de transmisión segura.
CUANDO LLEGA EL BLUES
Las piruetas vocales, que las hay y son dignas de un globetrotter
con un Spalding, tienen siempre un sentido: transmitir la esencia
de la música. Y no al contrario. Es como si la bala de un
francotirador, tan sobrada fuese, que antes de impactar en la diana
se marcase un par de mortales con tirabuzón.
Y luego llega el blues y, le gusta tanto la
estancia, que decide quedarse hasta el fin. Y vaya blues, oiga.
Húmedo, negro y caliente como el café. Incluso se
permitió recrear un par de composiciones propias, entre ellas
una preciosa Good day, antes
de despedirse por McCoy Tyner y dejar un gratísimo sabor
de boca, una sensación de haber presenciado un concierto
de escueta instrumentación pero prolija calidad.
Con anterioridad, el cuarteto comandado por
Richard Galliano y Gary Burton ofreció
un discurso de jazz de muchos kilates, con recuerdos a JS Bach -Sinfonía
en sol menor-, a Edith Piaff -Hymne
a l’amour- y mucho espacio para su personal visión
del tango, con hasta tres obras de Astor Piazzolla en la relación,
además del original de Galliano Heavy
tango, con el que abrieron la jornada de cierre de un,
eso es, gran festival.
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FICHA
Concierto: Dianne Reeves
+ Richard Galliano & Gary Burton
Quartet. Formación: Dianne
Reeves (voz), Russell Malone (guitarra) y Romero Lugambo (guitarra).
Lugar: Nuevo Teatro Circo, 17 de noviembre. Calificación:
Muy bueno.
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