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20/03/07
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| Loreena
con el arpa
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EL GRAN FOLK
Dicen que la meta del buen viajero no radica
en llegar al destino, sino en disfrutar del trayecto. Suena a literatura
en un mundo sin prisas, pero bendito el arte, que puede permitirse
burlar la dictadura de Cronos. La musa de la new age Loreena
McKennitt se adscribe a esta máxima.
Tanto por las diferentes procedencias de las
sonoridades de su último álbum -celtas, desde luego,
pero también irlandesas, turcas y orientales-, como por los
propios desarrollos de sus temas: extensos, pausados, atmosféricos,
evocadores de lugares intuidos, remotos.
He mencionado la new age de entrada porque,
aún siendo consciente de la devaluación del etiquetado
-devaluación justa, al tratarse del género que más
humo envasado de sublimación ha vendido-, Loreena representa
su más pura esencia: música que busca la calma interior,
el equilibrio emocional, la paz del espíritu. Como los libros
de autoayuda, pero en música. Eso sí, en música
de máxima calidad, en este caso. Tanto por la precisión
de los intérpretes, como por la frondosidad de la instrumentación
y, por encima de todo, por la magnificencia vocal de McKennitt.
El espectáculo, dividido en dos mitades
de más de una hora de duración, ofreció un
repaso por la discografía de la canadiense, con su nueva
entrega -An ancient muse-
como eje y con The book of secrets
(1997) y The visit (1991)
como partenaires en la primera y segunda parte, respectivamente.
Un concierto con las localidades agotadas desde hace dos meses,
igual que en París y Barcelona, sus citas previa y posterior
con las que daba inicio su gira europea. Huelga decir que las ovaciones
sonaron atronadoras, pues, mas no sin justicia.
La música de Loreena se nutre fundamentalmente
de folk y de lirismo sinfónico, de misticismo solemne con
unas gotas de amabilidad pop. Folk sinfónico, por resumir.
O gran folk, para añadir suntuosidad. De hecho en los cuatro
primeros temas esgrimió otros tantos instrumentos: arpa en
She moved throught the fair,
teclado en The gates of Estambul,
acordeón en The mummer’s
dance, piano en Penelope’s
song. Es no obstante su dotada y bien gestionada voz,
no sólo cuando invierte en sus conocidos rentables tonos
agudos, el valor más seguro y sobre el que descansa la solvencia
de su preciada propuesta.
Al ver en directo a Loreena
McKennitt, la sensación de grandeza le asalta a uno
desde el inicio. Y cuando suenan piezas como The
highwayman o Caravanserai,
más. Y encima sale uno la mar de relajado -no sé si
decir que de más- y con los chacras tan abiertos como el
mismo océano. Pues oiga, bien.
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FICHA
Concierto: Loreena McKennitt.
Formación: McKennitt (voz, piano, acordeón, teclado),
Brian Hughes (guitarras, buzuki), Tim Landers (bajo), Hugo Mars
(violín), Carolina Lavelle (cello), Donald Quan (viola, teclados,
acordeón, tabla), Sokratis Sinopoulos (lira, laúd
griego), Ben Grossman (hurdy gurdy, percusión), Tal Bergman
(batería, percusión) y Rick Lazar (percusión).
Lugar: Auditorio Víctor Villegas (Murcia), 17 de marzo de
2007. Calificación: Notable.
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