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25/05/06
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Guille Milkyway
es La Casa Azul
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EL PODER DE LA SONRISA
Hay historias, pocas,
que para adquieran su verdadera dimensión han de ser narradas
en primera persona. Como la de La Casa Azul,
la 'one-man-band' barcelonesa de sunshine-pop y bubblegum que actúa
en Cartagena. Un proyecto que entre los años 1998 y 2000
revolucionó la escena del pop independiente español,
asumiendo de manera involuntaria -muy a su pesar, incluso- el liderazgo
del entonces denominado pop colajet, tontipop para los detractores.
El talento de Guille
Milkyway, no obstante, siempre estuvo por encima de cualquier escena
o sospecha, de modo que se puede mirar atrás sin ira pero
también sin rubor.
En los últimos
años de la década de los noventa, las listas de correo
de internet adquirieron una relevancia cierta en el devenir del
pop independiente español. Fue el caso de la influyente spanishpop
-que pronto perdería su razón de ser- y de la más
recoleta indiepop66, justo donde conocí a Milkyway y cuyos
componentes eran todos músicos de grupos incipientes, autores
de fanzines o verdaderos entusiastas del pop más recóndito
y efervescente. Un buen día Guille me comentó que
tenía algunas canciones grabadas, nada serio, y yo le pedí
que me las enviase. Sólo las había escuchado Laura
Baby Pop, una barcelonesa con quien Guille compartía esporádicamente
fluidos emocionales, y también se las mandó a Rafa,
quien tenía un fanzine en Valencia llamado Flanzine.
Me llegó un sobre
con dos maquetas, una de pop electrónico sugerente y cantado
en inglés por una chica bajo el nombre de Milkyway y otra
con el logo de La Casa Azul, enunciado que había tomado de
una canción del yeclano Parade, y que definía como
"almas perdidas de la generación colajet intentando
detener el tiempo entre nubes de algodón". Suena cursi
y quizá lo fuera, pero cuando empezó a sonar aquella
demo en mi estéreo enseguida me di cuenta de que no había
escuchado algo tan abrumadoramente luminoso y burbujeante desde
hacía años. El talento, cuando es tan acusado, está
por encima de cualquier estilo.
Guille inventó
-acaso sin quererlo- el término pop colajet y yo me entusiasmé
tanto que, le convencí para que viniese al fin de semana
más decisivo de aquella escena musical -el radiofónicamente
inmortalizado ColaYecla- y hasta le busqué compañía
discográfica, Elefant Records. Aquella demo contenía
"Tang de naranja, colajet de limón", "Me gustas",
"Qué nos pasó" y el hit independiente "Cerca
de Shibuya", una canción que antes de ser publicada
puso a bailar a todo el Festival de Benicásim cuando fue
pinchada en su fiesta de presentación.
Las siguientes canciones
que Guille Milkyway fue componiendo me las hacía llegar anticipadamente
-"Chicle Cosmos", "Hoy me has dicho hola por primera
vez"- e incluso alguna de ellas -"Galletas"- incluye
escenas, intercambiadas por correo electrónico, que hablan
de mi infancia. Sí, de la mía. Sí, yo fui el
descubridor de La Casa Azul. Lo escribo sin arrogancia, sin entusiasmo,
pero también sin modestia y sin pudor.
ALGO HIZO CRACK
La Casa Azul se convirtió en el super hype independiente.
Todo el mundo hablaba del grupo. Unos lo idolatraban, otros lo acusaban
como el gran responsable de no se sabe bien qué males, algunos
detractores de la escena lo señalaban como lo único
salvable del pop colajet. Y Guille Milkyway, tan tímido como
inteligente y aniñado, encajó fatal estar en el ojo
del huracán. Un buen día algo hizo crack en su interior
y me envió un e-mail, ¡como si yo fuese responsable
de algo!, en el que me decía que detestaba la situación,
que no quería que nadie hablase nunca más de su música.
Intenté explicarle que eso estaba fuera de su alcance, que
no era asunto suyo decidir de qué debía hablar la
gente, que se relajase y disfrutase de la música, que todo
lo demás era circunstancial, superfluo. No volvimos a hablar
en varios años. Dejó de enviarme canciones.
Más tarde Guille
ideó unos personajes -primero de dibujos, como los Archies,
luego incluso fotografiados y que hacen como que tocan en sus videoclips-
que supuestamente son La Casa Azul, mientras él sólo
es el ideólogo, compositor y productor. Todo muy años
sesenta, muy Brill Building y bubblegum, muy pop del sello AM. Hoy
La Casa Azul es el emblema de la debilitada Elefant Records, vende
más discos en Japón y Corea que en España,
ha girado por aquellas latitudes tanto en directo como para ejercer
de DJ y supongo que aún mantiene el perezoso sello Annika,
creado junto al (encantador) diseñador gráfico Gregorio
Soria. La noticia es la reedición de su primer disco, que
incluye esas primeras maquetas de las que he hablado, así
como un par de cortes en directo en una divertida fiesta en Zaragoza
de la que tomé parte activamente. En Cartagena sonarán
varias de ellas. No estaré presente. La mejor de las fortunas
para Guille Milkyway. Volverá a nevar por navidad.
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- La
Casa Azul actúa el
viernes 26 de mayo de 2006
en la Sala Underground (Cartagena).
A las 23 horas.
Precio: 10 / 12 euros -con
consumición-.
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