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29/07/05
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Atomic en San Javier
(foto: Fran Manzanera / AGM) |
CASI DINAMITA
La penúltima de la serie era una de
las veladas que mayor interés me habían despertado
de entre el gran programa del VIII
Jazz San Javier. De un lado un joven grupo de free-jazz
del que hablaban maravillas tras su paso por San Sebastián
hace un año y que, punto extra, llegaban desde Escandinavia,
el lugar donde mejor nuevo jazz se está facturando en la
actualidad en Europa. De otro, uno de los mejores bajistas del universo,
un astro que juega al funk-jazz cual niño a los cromos.
Aunque la velada indudablemente resultó
una buena inversión, dos propuestas atractivas y de filiación
dispar, ninguna fue capaz de superar ese último escollo,
ese conocido adverbio que se interpone entre lo bueno y lo grande:
casi. Atomic ofrece una arriesgada
y estimulante sesión de jazz poliforme, en el que los límites
desaparecen y nunca se sabe donde pueden acabar los torbellinos
sónicos en los que se embarcan, ya guiados por bajo, trompeta
o ese saxo de Fredrik Ljunkvist, que por momentos pareciera cobrar
vida propia.
Una propuesta de jazz duro, difícil
-como corresponde al verdadero free jazz- que evidentemente no es
apto para todos los públicos, pero que un festival prestigioso
como el Jazz San Javier debe incluir en su cartel. La pega de Atomic
es la sensación de grupo menor, ignoro si porque dan mejor
en una sala pequeña o por exigencias de un guión en
el que sólo tenían rol de teloneros.
Caso opuesto el de Marcus
Miller. Desde las primeras notas se aprecia que la suya es
una propuesta de ligas mayores. Sonido redondo y grupazo en escena,
con un Miller que literalmente hace lo que quiere con el bajo. La
cuestión está ahí, en lo que quiere. Que no
es otra cosa que un repertorio sin aristas -las que hace como que
muestra en realidad no lo son-, con base en el funk y el R'n'B,
tremendamente resultón pero falto de audacia verdadera.
Verlo manejarse entre partituras propias o
prestadas de Stevie Wonder y hasta Jimi Hendrix es una experiencia
aconsejable. No todos los días se está ante uno de
los mejores del mundo con su instrumento. El pero es que le guste
tanto el fuego de artificio -bonito, pero que no quema- y que al
final acabe demostrando que lo suyo está más cercano
a las diabluras de Ronaldinho, aquellas que provocan gestos de admiración,
que a hacer verdaderamente grande al equipo, cual Juan Román
Riquelme.
Insisto, fue una noche de buen jazz, con momentos
puntuales de gran calidad, pero con la presencia del temido adverbio
antes citado. En un caso porque quizá les falte un hervor
-Atomic no es Esbjörn Svenson-, en el otro porque le sobra
ese estar demasiado encantado de haberse conocido que se acaba traduciendo
en autocomplacencia. Nos volvemos exigentes, señal del alto
nivel al que nos acostumbran. Eso es bueno.
FICHA:
- Concierto: Marcus
Miller / Atomic (Jazz San Javier 2005).
- Lugar: Auditorio Parque Almansa, 27 de julio.
- Calificación: Interesante.
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