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30/11/04
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| Román García,
Miguel Bañón y Pedrín Sánchez son
Los Marañones (foto: Guillermo
Carrión) |
EL
MUNDO AL REVÉS
La espera, si de Los Marañones
se trata,
vale siempre la pena. De modo que cinco años parecen nada
cuando el estéreo empieza a escupir las canciones de El
mundo al revés (mp3),
el flamante séptimo largo del grupo murciano y otra obra
de las de ir a comprarse un sombrero para poder quitárselo
después.
En esta ocasión,
además, mostrando un equilibrio improbable, al tiempo que
admirable, entre esos rasgueos de Telecaster 'made in Miguel' y
una novedosa experimentación en arreglos y sonido -secuencias
electrónicas, algún acento jazzie, arreglos de metal-,
a los que hay que añadir un retorno -si es que puede llamarse
así- a sus textos más surrealistas, irónicos
y bordeando el absurdo. Vamos, Los Marañones renovados y
sin embargo más marañones que nunca.
Quedamos en un bar. Donamos
la cerveza a los peces y nos comemos los envases. Cinco años
dan para mucho.
"Después de 'Shangri-La' [su anterior
trabajo] Joaquín (Talismán) abandonó
el grupo para hacer su carrera en solitario y eso nos dejó
un poco desconcertados, más de lo que ya estamos habitualmente.
Luego nos pusimos a trabajar el disco, pero en vez de hacerlo del
modo habitual, en el local de ensayo, lo hicimos de otra manera
más experimental. Fue un proceso largo", señala
Miguel Bañón.
"La
idea también era, una vez grabado, encontrar forma de editarlo
con distribución. Y una vez decididos a publicarlo con Perdición,
coincidía con la salida del de Los Lunáticos, por
lo que hubo que esperar un poco más", concluye
Román García. Atento,
Pedrín Sánchez da el
visto bueno con su mirada amable.
No es menos cierto que,
a estas alturas, Los Marañones
es un grupo bastante al margen de los dictados de la industria discográfica,
digámoslo así.
"Pues sí, el disco aunque llevaba un tiempo grabado,
no se iba a pasar de moda, porque tampoco iba a estarlo fuera cual
fuera el momento de salida. No nos preocupan esas cosas, tal vez
por eso tampoco hemos tenido mayor repercusión"
(Miguel).
"Con
'Shangri-La' ocurría otro tanto. Daba igual que saliera entonces
o mañana. No son discos que estén marcados por el
sonido de una época" (Román) .
Ah, la tan manida y deseada
intemporalidad, algo inherente a la música de un grupo de
rotunda personalidad propia. En cualquier caso, sí estimo
que nos encontramos ante el disco más digamos experimental
de Los Marañones. ¿Hasta
qué punto ha tenido que ver en ello el modo de elaborarlo,
partiendo de un home-studio.
"Empecé yo y seguimos los tres, en casa, con el ordenador.
Buscando arreglos, metiendo cosas y no limitándonos sólo
a lo que hacíamos en el trabajo de ensayo. Todo de un modo
bastante intuitivo, aunque sí que había una pretensión
de hacer un disco distinto. Es el disco en el que más hemos
investigado con el sonido. Quizás en el próximo volvamos
al trío de rock puro y duro", explica Bañón.
"Estábamos
ahí en casa, con tiempo y con libertad completa. Y cosas
que en otras circunstancias no hubieran pasado de ser una broma,
y ahora vamos a ponernos serios y a hacerlo de verdad, aquí
las hemos estirado al límite", puntualiza Román.
AMOR Y NOVEDADES
Vayamos con la portada de El mundo al revés.
Muy setentera, muy bonita y muy "Forever changes". ¿Un
homenaje al mítico disco de Love?
"No, en absoluto. La portada surge de
un montaje fotográfico tricéfalo que hizo Manolo Muñoz
Zielinski, al cual Román le aplicó el efecto psicodélico
y nos gustó. Además era fruto de varias reuniones
en el estudio de Zielinski, de tal forma que era de alguna manera
conceptual. Nos dimos cuenta de que había una conexión
con la de Love, pero como ya habíamos descartado una anterior
porque nos había salido clavadita al "Pet Sounds"
de los Beach Boys, decidimos mantenerla a pesar de las coincidencias,
que pensamos que acabarían sucediendo con cualquier cosa
que se nos ocurriera", comentan.
Siempre me han gustado
las letras de Los Marañones.
Especialmente aquellas en las que más acentuado estaba ese
elemento de humor absurdo, ese surrealismo tan particular. ¿Quién
sino ellos sería capaz de escribir un estribillo como "Japón,
Japón / como está tan lejos iré en avión"
(Japón) o una canción
cuya letra completa sea "Lo diré una vez / y otra vez
lo diré" (Lo diré).
Ojo, detrás de esa lírica tan marañona hay
asuntos y sentimientos en juego muy claros.
"Creo que no somos conscientes de lo
que hacemos, no hay predeterminación ni en letras ni en nada.
Luego al hacer la selección, a la hora de quitar canciones,
igual se va encauzando hacia una sensación global determinada.
Sí que hay ese punto surrealista o absurdo que dices, pero
no es algo decidido", afirma Román.
Miguel pasa al análisis.
"Nos hemos dado cuenta de que hay temáticas
recurrentes, pero lo vemos a posteriori. Hay muchas letras que hablan
de problemas de comunicación o de adaptación, normalmente
desde un punto de vista irónico y con sentido del humor".
Algo palpable en cortes
como No me llames, Estás
sola, El sonido del silencio
o ese El mundo al revés
que remite a 'La Metamorfosis' de Kafka. Un disco en el que, además
de una consistente sección de metal, hay colaboraciones puntuales
de Santiago Campillo y Joaquín Talismán y más
continua de Carlos Campoy. Y otro guiño, ahora a Neil Young,
en los versos de Soy minero:
"Sí, ya lo sé, la letra no la inventé
/ es de Neil Young / pero me la va a prestar".
Me cuentan la historia.
Como Young tomó prestada una melodía de los Stones
y lo decía en una canción y no me acuerdo del resto
de la historia. De lo que no me olvidaré es de volver a introducir
el disco en mi estéreo. Por mí, que el mundo siga
al revés.
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- El
mundo al revés está publicado por Perdición
/ Santo
Grial
- Visita la web
oficial de Los Marañones
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