Maez y la democracia
Después de un año de espera, el transcurrido entre la grabación y su inminente edición, Maez por fin presentó en casa su debut-álbum, 'We''ll never make it home'. Un disco que tiene el sabor de la libertad, o de la búsqueda de la misma, lo que en sí mismo es ya un ejercicio de libertad. El cantautor -entendido al modo americano- de 24 años se presentó acompañado por su banda y ofreció un repertorio de notables canciones de alta sensibilidad para un concierto que, no obstante, también evidenció algunos flancos débiles. Como Maez es 'uno de los nuestros', su relativa inexperiencia le permite un amplio margen de mejora y además su talento me parece enorme, me permitiré la crítica constructiva.Para empezar a dar ese paso al frente que a día de hoy se advierte necesario, lo primero que Pablo debe asumir es su liderazgo. No es el cantante de una banda, sino un artista arropado por una banda a su servicio. Que se situase en un lateral del escenario podría ser algo apenas anecdótico, pero resultó significativo dada su actitud.
De momento Maez es mejor que Maez y su banda. Su gran virtud radica en su capacidad para hacer erizar la piel, pero de momento lo consigue mucho más a solas que acompañado. Quedó claro en 'My own doxology', la canción que abrió el directo, también al desperdiciar una preciosa pieza como 'Roads' llevándosela a terrenos country-folk nada especiales y de manera concluyente con la inédita 'Asian girl', la primera canción del bis y la mejor interpretación de toda la velada.
Tanto 'On my knees' como 'Rain on me', 'Mountains', 'When i was a kid', con su final 'souleado', o la positiva y moderadamente exultante 'Beauty' -que no todo va a ser introspección- son canciones francamente buenas y que en su voz ligeramente nasalizada -que a mí me sigue recordando a Cat Stevens, para bien- desbordan un encanto 'abrazable' y difícil de encontrar. Con esas armas no vale la victoria mínima. Recuerde el autor: la democracia es válida para casi todo, pero no para la creación, no para el arte.



