Esplendor en la hierba
Es lo que tiene el reggae, que se va adueñando de tu voluntad. Relaja tus músculos, penetra en tus receptores endorfínicos y te acabas dando a su ritmo cadencioso cual pulmón al cigarro. La del viernes en La Mar fue una humareda de buen rollo que invitó al baile y la sonrisa. El público aceptó el doble agasajo de The Skatalites y Alpha Blondy, nada memorable pero bien grato. Como dicen los americanos: 'nothing but a good time'.Aunque ambos directos mantuvieron un buen nivel, lo mejor llegó de salida de la mano de The Skatalites, más que una banda, todo un colectivo destinado a salvaguardar los principios del ska y el rocksteady original. Dios salve Jamaica. O que la salve Jah o quien proceda. De la formación original solo queda el saxofonista Lester Sterling pero, insisto, la suya ha sido una tradición sonora que ha ido pasando de manos generacionales sin perder un ápice de su espíritu original.
The Skatalites suenan adorablemente rancios, lo suyo es verdaderamente 'roots'. Suenan así, interpretan así, sin necesidad de imitar el sonido porque ellos lo crearon y el sello se ha mantenido fiel desde los años 50 del pasado siglo. No me extraña que muevan a tantos seguidores.
Reggae rock
Más actualizada y centrada en el reggae es la propuesta de Alpha Blondy, el profeta costamarfileño de los tres colores, quien apareció en escena con traje blanco. Canta en francés, inglés y algún dialecto africano y aunque es el astro del reggae en su continente, su oferta se muestra claramente permeabilizada por Occidente. Definitivamente, lo suyo es reggae rock, con sus solos de guitarra, su batería obesa y su bajo no especialmente groovie. Una muestra acaso significativa: su banda comenzó con los riffs de 'Black dog', de Led Zeppelin, y (casi) finalizó con una adaptación de 'Wish you were here' de Pink Floyd.
Babilonia no, lo siguiente
Claro que para Babilonia no, lo siguiente, lo que nos esperaba en el Castillo Árabe con Shangaan Electro. Aprovechando el éxito del disco recopilatorio del mismo título, Richard Mthethwa ha montado un diabólico show extremadamente mariquita -no es gay, es mariquita- en el que él mismo sale vestido de algo así como una gallina de ciencia-ficción serie b, moviendo las alitas, y junto a él dos cantantes surafricanas y dos notas preñados y mostrando su trasero constantemente al público. Todos ellos tocados con pelucas de colores chillones compradas en un chino y sobre unos ritmos electrónicos de muchos BPM que recordaban a una versión africana del reggaeton. Quizá hubiera lucido más en el Día del Orgullo.



