El universo encantado de Cocorosie
¿Tienes amor por la especie humana?, preguntan hasta tres veces consecutivas las hermanas Sierra y Bianca Casady en 'Tearz for animals', canción de su flamante nuevo single e interpretada en segundo lugar en su concierto de La Mar de Músicas. Seguro que ellas lo tienen aunque tal vez no les convenza el marco, así que deciden crear el suyo propio, Cocorosie. Un universo paralelo, mágico e improbable en el que todo es diferente: el tiempo, la textura, los desarrollos. Un universo encantado y efímero -lo que dura un disco, lo que se extiende un concierto- que uno quisiera poder aprehender. Inútil: los hechizos finalizan, solo cabe guardar su recuerdo en el baúl secreto de las experiencias.A diferencia de su primera visita hace cinco años, entonces en formato trío, Bianca y Sierra se hicieron acompañar por hasta tres músicos propios, entre ellos el destacado beatboxer TEZ, además de por los Roots Rajasthan, un combo hindú de cinco piezas en el que sobresalió Mahipal Foga y sus castañuelas posesas. ¿Cocorosie con un grupo indio? ¿Se han vuelto hinduistas, budistas acaso? Eso mismo fue lo que yo me pregunté, pero da igual, su propuesta es tan ajena a este mundo que seguramente habría que hablar de posthinduismo o budismo lo-fi, como poco.
Las hermanas Casady pasaron completamente de sus dos primeros y más conocidos álbumes, ofreciendo un repertorio basado en novedades -además de la citada 'Tearz for animals' también sonó la otra cara de su recién editado single, 'We are on fire'-, en rarezas como la apertura con 'God has a voice, she speaks through me', un single de 2008, y esto sí, buena parte de los temas de su último álbum de 2010, como 'Undertaker', 'Fairy paradise', 'RIP Burn face' o un 'Smokey taboo' en el que cantan: “Lo llaman el tabú del humo / llevo su nombre tatuado / soy un niño del desierto / y las montañas me dan náuseas. / Sí, tengo miedo de los tiburones / pero no de la oscuridad”. Cocorosie es una bella anomalía de imaginación desbordante y sin efectos secundarios.
Ya en el Castillo Árabe, Tony Allen demostró su mando y sabiduría al frente de un nutrido y buen grupo de funk africano, si lo prefieren, afrobeat. La herencia de Fela Kuti es un hecho, si bien el revalorizado Allen -todo el mundo quiere hoy contar con él, hasta Damon Albarn- ofrece una propuesta orgullosa, pero más lúdica y menos tribal y política que la del desaparecido astro de quien fuera mano derecha. Un final acorde a una gran velada.



