Extremoduro: Filosofía ultrabásica
Tremendo regalo le hizo el Ayuntamiento de Murcia a Extremoduro al retirarles el permiso para actuar en el Cuartel de Artillería. Rentable, no ya por decorar su condición de 'chicos al margen', sino por el factor económico: doble de aforo, doble de beneficio. El primero de sus dos conciertos en Alcantarilla reunió a 12.000 personas, demasiadas para encontrar comodidad en un recinto demasiado ajustado para tal aforo. Que ante semejante audiencia (y precio: 27 / 30 euros) no hubiera pantallas laterales es poco justificable. Hay que tratar bien al público.Seguramente hasta a la propia agencia de la banda, a la sazón organizadora del concierto, debió sorprenderle relativamente tal acogida. Robe Iniesta se ha convertido en un icono y el de Extremoduro en un éxito tan desmesurado como insólito. Sus mensajes ultrabásicos (todo es una mierda menos el amor, resumiendo) han calado en la generación actual: pequeños grupitos de cuarentones al margen, el grueso del público lo conformaban chavales recién salidos del instituto. Chavales que se sabían todas las estrofas de todas las canciones y que me pregunto, sin reproche, dónde se meterán cuando hay protestas por sus derechos.
Un buen primer bloque que, esto sí, dejó muy claro que Extremoduro tiene muy poco de punk (nunca lo tuvo, lo suyo siempre fue rock visceral) y cada vez más de rock sinfónico, como probaron los numerosos duetos de guitarra en diferentes octavas -una de las señas de identidad de este estilo-, así como la soporífera segunda parte de rock conceptual en la que desgranó la mayor parte de su disco de 2008 'La ley innata'. Lipotimia rock, puestos a etiquetar y siempre con la inestimable ayuda del cálido clima murciano.
Y así acabó la vaina, cansados pero contentos y mañana a clase (o al curro) con un nuevo fetiche que guardar en la mesilla y del que hablar a la espera del próximo Barça – Madrid. Menos mal que había crisis, oiga.



